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Investigación
ISSN: 1885-365X

Mayores universitarios y usos de Facebook

20 de abril de 2016
12 de mayo de 2016

Resumen

Mientras que el consumo de redes sociales, especialmente de Facebook, se estanca entre los jóvenes, su penetración crece entre las personas mayores, quienes duplicaron su presencia desde 2010 (Pew Research Center, 2015), lo que convierte a este público sénior en el nuevo nicho de mercado para las redes sociales. Con el objetivo de conocer los principales usos que estos mayores activos realizan de las redes sociales, en concreto de Facebook, así como sus principales motivaciones para proceder o no a su empleo, se realizaron entrevistas en profundidad que revelaron a una audiencia que se convierte en usuario pasivo por el temor a sufrir una exclusión digital.

Introducción

El centro de investigación americano Pew Research Center manifestó en uno de sus últimos informes sobre los usos de medios sociales (2015) que las personas jubiladas suponen el nuevo nicho de interés para redes sociales como Facebook o Twitter. Así, mientras que el número de usuarios de jóvenes adultos comenzó a estabilizarse en 2010, desde entonces se ha venido produciendo un crecimiento en los usuarios sénior (más de 65 años), que duplicaron su presencia en redes en cinco años: en 2015 un 35% de los jubilados estadounidenses empleaba redes sociales, una cifra que rondaba el 2% en 2005 y el 11% en 2010. En este contexto, Facebook se erige como la red más demandada por este perfil ya que un 56% de los jubilados con conexión a Internet visita Facebook cuando en 2013 era del 45%.

Ante estos cambios en el perfil de usuarios de redes sociales, puede resultar interesante para el mercado publicitario y para los propios medios conocer qué rutinas desempeña en las redes este público sénior, principal objetivo de esta investigación.
Estas estadísticas ayudan a combatir la idea preconcebida de que los mayores viven al margen de las nuevas tecnologías. Tal como apuntan Carretón y Ramos (2011) la población que se acerca a la edad de jubilación pertenece a la generación española del baby boom y es cultural y socialmente diferente de las que le preceden. De este modo, las personas que en 2016 rondan los 55-60 años gozan de buena salud y disponen de un mejor nivel formativo y económico que el de generaciones anteriores. “Los nuevos mayores han nacido y se han desarrollado en una sociedad de consumo, tienen un nivel económico y de formación más elevado que el de las cohortes que les preceden y conocen y reconocen la importancia de las nuevas tecnologías en la sociedad actual y sus efectos” (Carretón y Ramos, 2011: 397).

Por otro lado, las previsiones de las Naciones Unidas estiman que para 2050 España tendrá 16 millones de personas mayores, un 30% del total de su población; asimismo en 2014 la esperanza de vida llegó a los 83 años (85,7 para las mujeres, 80,2 para los hombres) lo que convirtió a los españoles en los europeos que más viven (INE, 2015). Consecuentemente, las personas mayores, por su peso económico y demográfico, suponen “uno de los mercados con mayor futuro” para las empresas (Carretón y Ramos, 2011: 395).

En este contexto, se hace necesario trabajar en la compatibilidad entre longevidad e inmersión tecnológica para tratar al mismo tiempo de minimizar los efectos de la brecha digital intergeneracional (Agudo, Pascual y Fombona, 2012). En este caso, el estudio de la brecha digital no debe fijarse únicamente en el acceso a Internet, porque se trata ya de un servicio generalizado entre la población, sino en el “análisis de los usos y la intensidad del uso Internet –segunda brecha digital– donde adquieren una mayor incidencia conceptos como alfabetización digital, competencias digitales o inclusión digital” (Abad, 2014: 178).

En el estudio de las TIC se priorizó a los más jóvenes “por ser estos el sector considerado, de antemano, como más vulnerable” (Martínez, Cabecinhas y Loscertales, 2011: 90), no obstante, aunque de una forma menos acusada, también se han hecho investigaciones sobre el uso de nuevas tecnologías por parte del público sénior con resultados interesantes. Por ejemplo, Agudo et al. (2012) concluyeron que el ordenador e Internet son los recursos más empleados por este colectivo a través de los cuales acostumbran realizar cuatro tipos de actividades: formación, información, comunicación y entretenimiento, sin diferencias significativas en cuanto a género o edad. Resultados semejantes presentaron Martínez et al. (2011), en este caso centrados en los mayores universitarios quienes afirmaron conectarse a Internet frecuentemente y, aunque lo consideran un medio fácil de utilizar, podrían vivir sin él. Por su parte, Llorente-Barroso, Viñarás-Abad y Sánchez-Valle (2015) centraron sus investigaciones en comprobar como Internet puede convertirse en una “fuente de oportunidades para un envejecimiento activo” por lo que los mayores tienen cada vez más interés por el medio y por integrar dispositivos en su vida diaria (2015: 34).

Más próximos al objeto de estudio de esta Comunicación, también se publicaron estudios en los que se analizó la relación de los mayores con las redes sociales. Braun (2013), a través de entrevistas online a personas de entre 60 y 90 años, sostiene que aquellos que recurren a Internet, accedan también a alguna red social. No obstante detectó cierta presión social para que los mayores se registren en las redes sociales y su confianza en ellas es directamente proporcional a su intención de usarlas. En esta misma línea, el proyecto de investigación Gente mayor y redes sociales: rompiendo con la eMarginalidad (Beneito, 2015) concluye que la gente mayor se decide por las TIC para ser activos, pero sin intención de aumentar su círculo de amistades, es decir, buscan construir una imagen de personas activas e integradas, un comportamiento que la autora definió con el término “tecnoesnobismo”. Se trata de estar presente en las redes sociales –WhatsApp y Facebook preferentemente– para poder recibir y compartir información lo que les hace sentirse partícipes de la esfera pública y así mitigar el sentimiento de aislamiento social. No obstante, les preocupa mantener la privacidad ante la exposición pública que supone su uso.

A comienzos del nuevo milenio Pavón (2000) se refirió a los beneficios que Internet puede aportar a los mayores como el fomento de la creatividad, la escritura, la sociabilidad, la memoria, mejorar la Comunicación y aprender cosas que no han podido aprender. Recurriendo a la Teoría Situacional de Grunig (mencionado en Ortega-Tudela y Ortiz-Colón, 2015), aquellos que mostraban interés por las nuevas tecnologías se les intuía una conducta activa de Comunicación “porque buscan información y se involucran desarrollando ideas, actitudes y conductas” (2015: 275).

Diversas iniciativas, como la Agenda Digital 2020 de la Unión Europea, ponen de manifiesto la necesidad de potenciar el uso de las TIC entre las personas mayores para contribuir “así a los objetivos de un envejecimiento activo” mediante la alfabetización y la transmisión conocimientos digitales (Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, 2012: 18).

Este compromiso social así como la potenciación de “un envejecimiento con éxito” (Llorente-Barroso et al. 2015) implican poder ofrecer a este colectivo la posibilidad de formarse a lo largo de la vida y en todos los ámbitos, especialmente en el contexto mediático y digital. “El acceso a la innovación y a las nuevas tecnologías es esencial para evitar el distanciamiento generacional y que las personas mayores no se sientan desbancadas en el mundo actual” (Agudo et al., 2012: 195).
Se recuperan las dimensiones propuestas por Ferrés y Aguaded (2011) para abordar una competencia mediática de la ciudadanía en España. Los autores destacan la necesidad de componentes estéticos, lingüísticos, tecnológicos, de ideología y valores, de recepción, de producción y programación.
Los programas formativos sobre TIC para este público sénior deberían abordarse desde un enfoque cualitativo previo, que tengan en cuenta las experiencias vividas, los comportamientos, emociones, sentimientos, su funcionamiento organizacional o cultural (Abad, 2014: 179). En este sentido, la alfabetización digital de los adultos mayores necesita combatir “la resistencia al cambio” así como “romper su miedo a romper en aras del aumento en la utilización de los dispositivos” (Hernando y Phillippi, 2013: 14). Igualmente estos autores insisten en tener en cuenta los cambios “vertiginosos” motivados por “un entorno progresivamente mediatizado” que dificulta “interiorizar las competencias necesarias para el correcto uso de los medios” (2013: 15).

El objetivo de este trabajo es conocer los principales usos que estas personas mayores realizan de las redes sociales, en concreto de Facebook, así como profundizar en sus opiniones y motivaciones para registrarse o para mantenerse al margen de estas plataformas sociales.

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